Formulario de contacto

El antiguo Iriarte

Ropa, zapatos y bolsos para una mujer real

Villa Idalina, donde el amor perdura

 

Villa Idalina, donde el amor perdura

 

Por Sandra Solís

 

Fue un capricho. Cuando buceaba en Booking, allá por el mes de mayo, buscando alojamientos baratos en todos los pueblos donde pararíamos en nuestra ruta cicloturista, me topé con Villa Idalina. Cinco amigos y una viaje en bici que nos llevaría desde Orense a Vigo pedaleando a la vera del Miño hasta su desembocadura en el Atlántico. Nuestras pernoctas alternarían pueblos portugueses y gallegos y no pretendían en absoluto la excelencia. Una cama limpia y una ducha de agua caliente. Lo mínimo para descansar a buen precio y retomar los pedales al día siguiente. Pero en Caminha, un maravilloso pueblo portugués situado en la desembocadura del gran río y desde el que parte el ferry boat que nos debería cruzar a España, no encontré, pese a la antelación, ningún alojamiento que cumpliera nuestras modestas expectativas. Ni siquiera ninguno que, pese a ser más caro, estuviera en el propio pueblo. Y yendo en bici las distancias, aunque cortas, son importantes. De repente, me tropecé con Villa Idalina. 150 euros para cuatro personas (la quinta se incorporó posteriormente al viaje) con desayuno incluido. Sería nuestro alojamiento más caro pero… me enamoré. Harta de ver fotos y fotos de decenas de hoteles, hostales, pensiones y apartamentos, surgió la oferta en este palacete de indianos y pinché con el ratón de mi ordenador en “fotos”. De pronto, la belleza, el buen gusto y esa excelencia que no buscábamos surgió ante mis ojos. Y me dije “¿por qué no? Todo el año trabajando bien merece una noche en este idílico lugar. Y reservé. Fue mi capricho.

 

Villa Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perdura

 

  Con lo que yo no contaba es con que me iba a enamorar de la casa y de sus dueños y con que iba a descubrir entre aquéllas paredes no una, sino varias historias de amor. Llegamos tarde, como siempre en bici, y nos recibió Susana. Nada más entrar en el vestíbulo, tras subir una preciosa escalinata, nos encontramos con un mueble en el que colgaban sombreros tipo canotier y alguno de redecilla. Me sentí un tanto ridícula con mi culotte. “Con una villa así, tendríais que tener trajes de época para dejar a los clientes y que nos sintiéramos ambientados”, le dije a la dueña. Y no iba en broma. En ese preciso instante, retrocedí un siglo en el tiempo y comencé a imbuirme de la casa, de su historia, de su gente. Susana, con una sonrisa abierta y franca y una amabilidad sincera, nos invitó a dejar primero las bicis y el equipaje y después a recorrer el palacete mientras nos contaba su historia. Al dejar las bicis, en el antiguo establo, nos salió al encuentro un chico muy simpático que vestía una camiseta negra con el logo de Villa Idalina y unos pantalones vaqueros cortos. Susana nos lo presentó como Andrés, su pareja. Después, proseguimos con ella la visita hacia la casa grande.

Villa Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perdura

Parece ser que la villa indiana, situada a orillas del Río Miño y dotada con unas vistas y una luz espectaculares, fue mandada construir en 1909 por Don Joaquim dos Anjos Costa, un emigrante del pueblo de Seixas do Minho a Brasil donde hizo una gran fortuna, primero con negocios de importación y exportación y, sobre todo, con la construcción.  Al enviudar de su primera mujer, regresó a Portugal y se volvió a casar con la que había sido su amante y el amor de su vida, la bella (según los cánones de belleza de la época, que no los de ahora) Idalina. La villa, más grande que los típicos palacetes de indianos, fue proyectada por el arquitecto Ventura Terra y contaba con todo lujo de detalles, como una sauna, luz eléctrica o calefacción central.

Villa Idalina, donde el amor perdura

Don Joaquim con Idalina, a su derecha.

Villa Idalina, donde el amor perdura

Foto familiar en la escalinata de la villa.

Villa Idalina, donde el amor perdura

Don Joaquim con Idalina, a su izquierda.

Villa Idalina fue construida, pues, por amor. El de Don Joaquim por su bella amante.

Muchos de estos palacetes de indianos, con el fallecimiento de sus propietarios, la lapidación de las fortunas hechas con la emigración, la lucha entre los herederos y el alto coste de mantenimiento, han acabado abandonados y en estado de ruina. Sin embargo, a Villa Idalina la salvó una segunda historia de amor. La de un profesor de instituto gallego,  llamado Adolfo, y su mujer, doña Lolita, propietaria de una droguería en Villagarcía de Arousa, que en 1968 compraron la propiedad invirtiendo los ahorros de toda su vida. “A ellos les gustaba viajar por esta zona en verano y mi abuelo se enamoró de la casa. Cuando se enteró de que la vendían, le propuso a mi abuela comprarla y ella, en un acto de amor incondicional hacia él, le prestó todo su apoyo”, me cuenta Andrés, que ha suplantado a Susana en la visita guiada puesto que la requerían al teléfono. Y así fue como los abuelos de Andrés invirtieron cada céntimo y cada minuto de su tiempo en el palacete. Mantuvieron todo tal y como estaba y se dedicaron a cuidar, restaurar y dar lustre a la hermosa mansión. Villa Idalina se convirtió en la casa de verano de la familia.

Villa Idalina, donde el amor perdura

Lolita y Adolfo, abuelos maternos de Andrés.

Adolfo y Lolita tuvieron tres hijos, dos chicas y un varón. El niño falleció siendo pequeño y, de las dos hermanas, Bárbara, la madre de Andrés, fue la que “tiró” junto a sus padres de Villa Idalina. Ya casada, con un arquitecto que terminó siendo profesor, dedicó todos los veranos a limpiar y acondicionar la casa. Y por allí corretearon desde pequeños Andrés y su hermana. “Pero mi padre se hartó de venir siempre, de sacrificar todos su veranos, de trabajar a destajo para tener la casa a punto y, cuando ya estaba, terminar las vacaciones y volver a tener que cerrarla”. Y su madre, por amor a su padre, puso el candado y dio la espalda a Villa Idalina.

Villa Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perdura

Sin embargo, este precioso palacete, construido por amor, sigue sobreviviendo y radiante gracias a otro romance. El de Andrés por la villa. Y el de Susana por Andrés. “Siempre me ha gustado esta casa. Aquí he pasado todos los veranos, he hecho fiestas, he traído a mis amigos… Entonces se me ocurrió abrirla al público para poder costear su mantenimiento. Convertí Villa Idalina en mi proyecto de vida y tuve la gran suerte de encontrar a una persona como Susana que quisiera compartir ese proyecto a mi lado. Éramos amigos y un día la invité a la casa para que me ayudara a limpiar las botellas de la bodega. ¡Imagínate! 300 botellas, una a una. Cuando terminamos y nos fuimos me dijo que había pasado un día genial. ¿Qué chica reaccionaría así?”. Lo cierto es que tanto Susana como Andrés se refieren a la casa con pasión. La enseñan con un cariño y un amor tal que es difícil sentir indiferencia. “Mi padre me dice si no me he cansado aún. Pero qué va. Tengo 33 años y me siento afortunado por hacer cada día lo que me hace feliz y haberlo encontrado siendo tan joven”. Susana y Andrés acaban de ser papás de un niño, hace 5 meses, y llevan tres años gestionando Villa Idalina como un establecimiento de hostelería que es mucho más que eso. Es un sueño, una pasión, una historia de amor y una preciosidad.

Villa Idalina, donde el amor perdura

Con Susana y Andrés en la escalinata principal

Para ellos la casa es para vivirla y disfrutarla. Te invitan a campar a tus anchas. A abrir puertas, a recorrer estancias, a hacerte fotos, a subir a su espléndida torre, a pasear por su jardines, a conocer su invernadero o a visitar su bodega. Nosotros ocupamos toda la planta baja, tres habitaciones, y un baño compartido de 35 metros cuadrados con una ducha gigante y una sauna de vapor de principios del siglo pasado.

Por la mañana, madrugué y recorrí, sola y en silencio, con las primeras luces del día, toda la casa. Terminé mi excursión sentada en la torre, viendo cómo comenzaba la jornada en la desembocadura del Miño. ¡Cuántas veces lo habría hecho Idalina!

Villa Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perduraVilla Idalina, donde el amor perdura

Sentí dejar la casa. Cómo cuando sientes dejar un amor de verano. Me había enamorado.

Sería un lugar ideal para presentaros la nueva colección de otoño invierno. Habrá que volver a Seixas do Minho, el pequeño pueblo que se asoma al río casi en su desembocadura, a tres kilómetros de Caminha, y disfrutar un poco más de este hermoso palacete.

Si queréis asomaros a sus habitaciones, su bodega, sus jardines, su piscina o sus rincones; informaros para pasar un fin de semana o celebrar allí algún evento especial, no dejéis de visitar su web: www.villaidalina.com

¡Pero cuidado! ¡Qué igual os roba el corazón!

Villa Idalina, donde el amor perdura

Carlos, Nole, Ochi, Viki y yo en los alto de la torre de Villa Idalina con las vistas de la desembocadura del Miño al fondo.

 

 
 

 

4 respuestas a “Villa Idalina, donde el amor perdura”

  1. María Jesus

    !!!! Es una mansión extraordinaria y la decoración impresionante , pero Sandra hace que tanto las dos historias de amor como el entorno nos hagan sentirnos dentro de ese ambiente , gracias .

    Responder
    • elantiguoiriarte

      Sí, es una mansión preciosa que bien se merece una visita, unas líneas y unas cuantas historias de amor. Me alegro de haberte contagiado del espíritu de Villa Idalina. Muchas gracias por leerme, María Jesús.

      Responder
  2. paqui

    Qué maravilla!!! Pero qué bonito lo haces tú Sandra, además de la moda te tienes que dedicar a la literatura. Gracias por éste regalo.

    Responder
    • elantiguoiriarte

      Gracias Paqui. Ja, ja. No descarto lo de “dedicarme a la literatura”. Nunca sabes qué derroteros va a tomar tu vida. Por el momento, me contento con estos pequeños artículos para matar el gusanillo y para contar cosas que, por una razón u otra, me conmueven. Pero lo que me sorprende y me re chifla es que haya gente que me siga e, incluso, se moleste en dedicar unos minutos a escribir un comentario. Gracias Paqui, por tu generosidad y cariño.

      Responder

Deja tu comentario

  • (will not be published)