Formulario de contacto

El antiguo Iriarte

Ropa, zapatos y bolsos para una mujer real

Porque me quiero

Preparando un batido de sandía en mi cocina.

Preparando un batido de sandía en mi cocina.

 

Por Sandra Solís

 

Hacer deporte, comer sano, meditar, bailar, colorear mandalas y escucharme son algunas de las cosas que hago porque me quiero. Considero que somos responsables de nuestra salud y de nuestro equilibrio emocional y que, por ello, debemos, si queremos sentirnos bien, hacer cosas por y para nosotros.

Yo pensaba que mis hábitos de vida eran saludables. Sin embargo, hace dos años, como ya conté en la entrada “Yo también tuve cáncer de mamá”, esta enfermedad apareció en mi vida. Yo no entendía por qué, si mi estilo de vida respondía a todo lo que los estudios apuntan en la prevención de este mal. Hacía ejercicio, comía sano y no tenía sobrepeso. Pero, indagando, me di cuenta de que mi alimentación no era tan saludable como pensaba y que mis niveles de estrés superaban con creces los umbrales aceptables.

Y decidí actuar. Porque me gusta vivir y porque considero que puedo hacer mucho por mí. Y porque eso, hacer por mí, me hace sentirme realmente bien.

Allá por marzo, ojeando novelas en la librería vecina, “San Pablo”, me topé con un libro  titulado “Mis recetas de cocina anticáncer”. La autora, Odile Fernández, médico de familia, ha superado un cáncer terminal cambiando radicalmente sus hábitos alimenticios y de vida. Me interesó de inmediato y me lo pedí para el cumple, cuya fecha andaba cercana. Y lo devoré. Averigüé, cosa de la que no me habló ningún médico, que hay alimentos que favorecen el cáncer y otros que lo frenan, lo prevén o lo sanan.

Algunos de los productos que nunca faltan en mi despensa: brócoli, tomate, zanahoria, cebolla, col o berenjenas.

Algunos de los productos que nunca faltan en mi despensa: brócoli, tomate, zanahoria, cebolla, col o berenjenas.

10

 

 

 

 

 

 

 

 Tras esta primera lectura, quería más. Y descubrí un montón de literatura, recalco, obviada por mis médicos, sobre el asunto. Estos son otros títulos que adquirí y que leí con gran entusiasmo:

 –“Guía práctica para una alimentación y vida anticáncer (Medicinas complementarias)”, de Odile Fernández, editorial Urano.

“Cocinar para vivir”, del Dr. Fernando Fombedilla y el chef  Andoni Luis Aduriz, editorial Destino.

“Anti cáncer. Una nueva forma de vida”, del Dr. David Servan-Schreiber, editorial Espasa.

“Comer para vencer el cáncer”, de Paula Jiménez Fonseca, oncóloga del HUCA, y Belén Álvarez Álvarez, nutricionista, editorial Nobel.

Y mi último descubrimiento, el libro de una joven inglesa (Ella Woodward) que gracias al cambio en su alimentación superó un síndrome de taquicardia postural ortostática, una enfermedad crónica que afecta al sistema nervioso y que, con 19 años, la postró en una cama. En “Las delicias de Ella”, editorial Salamandra, cuenta su experiencia y cómo se responsabilizó de su salud pasando de comer chucherías a elaborar divertidos y sanos platos. Sus páginas te descubrirán riquísimas recetas y muy buenos consejos. De hecho, su blog cuenta con cinco millones de visitas al mes y el libro es exquisito. Con una edición sumamente cuidada y apetecible.

Pero estos son sólo algunos de los muchos libros escritos sobre el tema.

 

Mis libros de cabecera sobre alimentación sana.

Mis libros de cabecera sobre alimentación sana.

  Todos coinciden en el tipo de alimentación, en los mismos hábitos y, algo muy a tener en cuenta, sus experiencias personales. “Somos lo que comemos” y nosotros tenemos mucha responsabilidad en nuestra salud y en nuestro bienestar.

Desde entonces, mis mañanas empiezan con un vaso de agua templada con medio limón exprimido, para depurar, un zumo de naranja y un batido verde de melón, kiwi, espinacas, apio, perejil y unas hojas de hierbabuena. Después, tomo un tazón de leche de almendra y canela con copos de avena integrales y una tostada de pan integral de centeno o de espelta con aceite de oliva virgen y ajo o con aceite de lino, cúrcuma y pimienta negra. Mi hija tuerce la boca cada vez que desayunamos juntas. “No sé cómo te puedes beber eso”, me suelta. Pero ella, cuya pandilla adolescente adora las hamburguesas, las pizzas y la bollería industrial, se ha tomado mi cambio de hábitos como algo muy a tener en cuenta y degusta con cierto recelo pero con mucha disposición cada nuevo plato que sirvo en la mesa. Y me sorprende. “¿Sabes? Pues no está nada mal. Dame un poco más”, dice. Y así, de a poco, y con mucho humor, va comiendo hamburguesas totalmente vegetales, pizzas con la base de coliflor, bizcocho de zanahoria y nueces ecológico y sin azúcar, arroz integral con champiñones y muchas, muchísimas ensaladas, repletas de semillas, frutos secos, hojas verdes y especias. “Está bien comer sano, mamá. Me gusta”, reconoce. Y, de postre, batidos. Mis padres me han regalado una coqueta batidora de vaso en la que Lucía y yo echamos de todo. ¿Nuestros favoritos? Un combinado de plátano, melón, arándanos, frambuesas, leche de almendras y canela o el de fresas, frutos rojos y semillas de lino. “¡Mamá, esta tarde nos hicimos Carol y yo un batido de melón que estaba…!”, me soltó el otro día. Y yo me sentí feliz por su entrega a la comida sana y por saber que, pese a su edad, le estoy transmitiendo hábitos que sólo harán por su bien.

13 20160611_151430 Pero no es sólo a mi hija a quien he contagiado de mi entusiasmo. Mis padres, mi hermana y mi pareja también están modificando su alimentación. Las cucharas de palo de sus cocinas lucen todas amarillas, el color con que la cúrcuma, el súperalimento anticáncer, tiñe todo lo que toca.

¿Y en qué ha consistido el cambio? Pues ha sido mucho más sencillo de lo que pensaba. He eliminado de mi dieta el azúcar blanca, puro veneno para el cuerpo, la leche de vaca, las margarinas, las carnes grasas y embutidos, los cereales blancos, las harinas refinadas, la bollería industrial, las bebidas alcohólicas y las azucaradas y todo tipo de snacks y chucherías. Y he llenado mi nevera y mi despensa de leche vegetal (avena, almendra, coco, soja), aceite de oliva virgen extra, verduras (brócoli, canónigos, espinacas, coliflor, col, rúcula, berenjenas, tomate, zanahorias, cebolla, ajo), frutas (granada, melón, plátano, ciruelas, fresas, arándanos, frambuesas, aguacate, kiwi), frutos secos (nueces, almendras, avellanas, piñones), especias (cúrcuma, pimienta negra, curry, comino, nuez moscada), hierbas aromáticas (tomillo, albahaca, orégano), harinas integrales de centeno o de espelta, pescado azul, setas, chocolate negro (con más del 85% de cacao) y cereales integrales. Como edulcorantes, utilizo hojas de estevia, sirope de ágave, panela o azúcar de coco. En cuanto a las bebidas, agua, zumos naturales, batidos, una copita de vino tinto al día (como mucho) y té verde.

 

73

También he modificado mi forma de cocinar. Me inclino, sobre todo ahora en verano, por los alimentos crudos, pero si he de encender los fogones, opto por la preparación al vapor (los alimentos conservan todos su nutrientes y su sabor), por el horno (a temperaturas no muy altas) o por la cocción o fritura a fuego lento. Y, a la hora de hacer la compra, tiendas con productos ecológicos, como By Capella, en la calle Magdalena, 14, o Ecoastur, en el mercado del Fontán, y mis puestos de fruta o pescado de toda la vida. Y, en el súper, me leo las etiquetas a conciencia y nada de conservantes ni aditivos. 

 

4

 

He descubierto alimentos cuya existencia desconocía, como el kale (col rizada) o las semillas de chía; estoy reaprendiendo a cocinar y tratando de que mis cambios de alimentación se conviertan en hábito. A veces, resulta difícil, pero la mayor parte de los días me meto en la cocina a experimentar y compruebo, con sorpresa, que me estoy divirtiendo y que disfruto comiendo sano. Además, mi cocina y mis platos se han llenado de color.

Y me tomo la vida con más calma, me escucho mucho, soy consciente de mi respiración y a la hora de poner en una balanza por qué y por quién apuesto siempre doy con la misma respuesta: por mí. Me regalo baños de espuma y sal, con velas y música; paseos en bicicleta, lecturas en vez de televisión, rutas de montaña, tardes de mar y láminas para colorear. Y, a mí, me va bien.

20160624_090824

16 respuestas a “Porque me quiero”

    • elantiguoiriarte

      Gracias, Teresa. Lo que es un lujo es tener gente como tú, que me lea. Mil gracias.

      Responder
  1. Montse Perez Fernandez a través de Facebook

    Ahora ya se tu secreto de eterna belleza y juventud. Me encantan los batidos de frutas y verduras. Probaré tu desayuno sano, aunque del café me va a costar prescindir. Un beso fuerte y gracias por tus sanos consejos.

    Responder
    • elantiguoiriarte

      Ja, ja. Gracias Montse. No sé si será un elixir de belleza, pero te aseguro que además de quitarme algún kilillo, mi piel y mi pelo, relucen. Respecto al café, yo tomo alguna tacita de moca ecológica, con leche de almendras y azúcar de coco. Lo mismo de siempre, pero en saludable. No sé. Como digo en el blog, a mi me va bien. Si pruebas el batido, ya me dirás. Un beso, linda. Y mil gracias por leerme.

      Responder
    • elantiguoiriarte

      Gracias Félix, si contagio a alguien, genial. Me encantaría. Y si la lectura de mi entrada incita a, al menos, pensar sobre lo qué comemos y la repercusión que tiene en nuestra salud, me doy por satisfecha. Un besazo.

      Responder
  2. Elvira

    Me parece muy bien todo lo que dices, pero no todo el mundo puede comprar en tiendas ecológicas y comprar lo que tú compras.

    Responder
    • elantiguoiriarte

      Totalmente de acuerdo, Elvira. De hecho, los precios de algunas cosas me suelen escandalizar y no compro, en absoluto, todo en tiendas ecológicas. Pero siempre será mejor comer fruta y verdura, de cualquier supermercado, que hamburguesas o pizzas. Es una cuestión de elección y de hábitos y no tanto de dinero. Un saludo y gracias por leer el blog.

      Responder
  3. Iván

    Gracias Sandra, ha sido un placer leer esta página, precioso el cariño y la dedicación que nos ofreces en ella.

    Yo, en su día, dejé de fumar (gracias a mis hijas, ellas fueron mi motivación) sin embargo, qué complicado es “comer bien”. Como muy bien dices, la rutina, el strés o simplemente la inercia hacen que no te des cuenta de lo importante que es una buena alimentación, no sé las veces que he fracasado (como cuando fumaba) por intentar cambiar ese hábito y he llegado a la conclusión de que lo que necesito no es un nutricionista, más bien un motivador jaja.
    Entiendo y soy consciente de todos mis “errores alimenticios” y creo que en mi caso para poder cambiar algo que se me hace tan grande, debería de ir haciéndolo muy poco a poco, quizá aprender a desayunar e ir incorporando cambios paulatinamente.

    Muchas gracias…

    un abrazo y un beso.

    Responder
    • elantiguoiriarte

      Hola Iván, qué sorpresa encontrarte en estas páginas. Todos los cambios cuestan y la determinación es muy importante. Yo también soy ex fumadora (de hace muchísimos años) y, si has podido dejar el tabaco, puedes cambiar tus hábitos de alimentación. La clave está en lo que tu mismo te dices, ir poco a poco, de forma paulatina. Lo del desayuno, por ejemplo, me parece fantástico. Yo como todo lo que quiero y cosas riquísimas, pero sanas. Al principio, tenía ganas de dulce y, en vez de atiborrarme a chuches, helados o galletas convencionales, me metí en la cocina y experimenté. Las primeras galletas de plátano y avena que hice no estaban especialmente buenas, pero no desistí. Ahora hago unas que están de miedo y que a mi hija y a mi nos vuelven locas. Lo mismo me sucedió con la tarta de zanahoria y nueces o con el hummus (una especie de crema de garbanzos). Yo pruebo (parezco una bruja en la cocina preparando pócimas) y, mira tu por donde, ese estrés que me agobiaba se disipaba entre cacharros y mejunjes. Además tu eres deportista, lo que prueba que tienes fuerza de voluntad y capacidad de esfuerzo. Ánimo, querido amigo. Si necesitas un motivador, yo te envío un correo para incentivarte una vez por semana. ¿Te parece?. Ja, ja.
      Muchas gracias por leer mi post y por participar.

      Un abrazo y un beso

      Sandra

      Responder

Deja tu comentario

  • (will not be published)