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El antiguo Iriarte

Ropa, zapatos y bolsos para una mujer real

Este culo no lo conseguí yendo en coche

Por Sandra Solís

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Efectivamente, “Este culo no lo conseguí yendo en coche”. Así reza el eslogan de la matrícula de mi bicicleta, que no sé quién lo ideó pero me parece buenísimo. De hecho, este verano fue la sensación entre los ciclistas que pedalearon en mi retaguardia. Pues eso, lograr unos glúteos firmes, sólo es una de las muchas ventajas que tiene pedalear. Si quieres saber más, sigue leyendo.

¿Sabéis andar en bicicleta? Yo aprendí a los ocho años. Mis padres me la regalaron al hacer la Primera Comunión y, a partir de aquél año, no recuerdo un verano sin ella. Ya os conté en mi anterior post todas las aventuras que vivía con mi Dixi de piñón fijo en La Vecilla, un pequeño pueblo de León que atraía a muchos veraneantes asturianos. Sin embargo, cuando me independicé de los veraneos familiares y empecé a viajar, aparqué mi bicicleta. Ni siquiera recuerdo qué fue de ella.

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Volví a sentir la llamada de los pedales al ser madre. No sé por qué, pero me apeteció de repente. Me hice con un modelo bastante simple y económico, de paseo, y comencé a hacer pequeñas escapadas por el parque de invierno. Cuando mi hija fue lo suficiente mayor para sostenerse, acoplé a mi bici una sillita infantil y le empecé a contagiar el gusanillo por la aventura y la vida al aire libre. Ella iba tan relajada que se echaba unas buenas siestas. Ahora, ya adolescente, es una rodadora experimentada.

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El caso es que a mí cada día me gustaba más. Pedalear y trasladarme con mi bicicleta de un lugar a otro me hacía sentir libre, relajada y contenta. Hasta que un día Ana, una buena amiga, me invitó a salir con su grupo de cicloturismo, Asturiesconbici, a una ruta. Allá me fui con mi bicicleta de paseo de un solo plato. En la primera cuesta casi echo los higadillos pero todos me animaron y me ayudaron a superar el trance. Como si fuéramos un equipo ciclista, pararon conmigo, esperaron, ralentizaron la marcha y se tomaron con mucho humor mi forma física y mi bicicleta. Llegué a casa exhausta pero feliz. Ese mismo día decidí que mi próxima inversión sería en una bicicleta en condiciones y que juntas pasaríamos muy buenos momentos. Desde entonces en esas ando, pedaleando la vida.

Llevo seis años siendo socia de Asturiesconbici (si queréis saber más sobre esta asociación consultar su estupenda página web: www.asturiesconbici.org)) y he recorrido Soria, La Rioja, un poquito de Galicia  y otro poquito de Álava, parte del Loira, en Francia,  y casi toda Asturias(el grupo ofrece salidas todos los fines de semana entre febrero y octubre). También me gusta pedalear por la ciudad. La bici me ofrece el ritmo perfecto, es estupenda para mi salud, no me rompo la cabeza buscando aparcamiento y no contamino.

Todos los años, en Semana Santa o en verano, se organiza alguna quedada cicloturista y, cada dos años, una comunidad autónoma en concreto se encarga de hacer unos encuentros en su tierra. Este verano se celebró la XVII edición y le tocó a Asturias. Entre el 1 y el 9 de agosto, nos juntamos casi 400 cicloturistas de toda España para recorrer la distancia entre Pola de Gordón y Tapia de Casariego en ocho etapas de no más de 45 kilómetros diarios.

Pero no os penséis que soy una deportista de élite o que tengo unas condiciones innatas para el ejercicio. Nada más alejado de la realidad. Los cicloturistas hacemos eso: turismo en bicicleta. Generalmente, en compañía. Nos gusta mucho la gente. Los que pedalean y los que nos encontramos por el camino. Siempre hay tiempo para una charla con una vecina o con un paisano. O con un compañero de pedales mientras subes un puerto. Un momento tan bueno como otro cualquiera para contaros la vida, ¿no? Nos gusta mucho parar. Para hacernos una foto, para dormir una siesta, para contemplar un paisaje, para leer un cartel, para darnos un baño o para visitar cualquier cosa que nos atraiga en la ruta. Nos encanta bailar. Y cantar. Si hay alguna fiesta por el camino, aparcamos nuestras bicis y nos entregamos al baile. Los organizadores quedan encantados. Todo un pelotón amenizando la folixa.

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¿Y cantar mientras das a los pedales? ¿Lo habéis probado? La primera vez que lo experimenté fue haciendo una ruta por las inmediaciones de la playa de las Catedrales, en Galicia. Uno de los que iba en mi pelotón, Manolo, de Gijón, canta en un coro y se puso a canturrear un bolero. Tiene una voz preciosa y sonaba como los ángeles. Además, yo adoro los boleros. Enseguida nos unimos a él, con voces menos armoniosas pero entregadas, el resto de los ciclistas. Recuerdo que pensé: qué momento más alucinante estoy viviendo, pedaleando por caleyas llenas de hortensias con esta banda sonora. Este verano, volví a experimentar lo mismo rodando con Carlos, un vallisoletano, e Iñaki, malagueño, que me deleitaron con una interpretación sublime de una hermosa habanera, “Alfonsina y el mar”, mientras pedaleábamos de Viavélez a Tapia de Casariego. Esta vez no participé del canto, sólo escuché y disfruté mientras daba a los pedales. Qué felicidad. Gracias chicos por ese momento.

También es frecuente que tarareemos la música de Verano Azul o cualquier canción chorras. Porque cuando cantas es que te sientes contento y feliz y, en la bici, es muy normal sentirse así. Jorge, un chico madrileño afincado en Suiza, siempre lleva su guitarra a los cicloviajes y a la mínima, en la primera parada para repostar, hace que suenen los primeros acordes. No tarda en tenernos a unos cuantos alrededor y en montar una fiesta. Pero no es el único. En estos encuentros, uno llevaba una gaita y otra un chistu. ¡Y vaya la que liamos en Villanueva!

La bicicleta también saca nuestra parte infantil. Un clásico en nuestros encuentros es una guerra de agua en torno a alguna de las fuentes con abrevadero donde solemos parar a cargar los bidones. Sobre todo, si se encuentra Raffa , de Gijón, cerca. Es el principal instigador de este tipo de batallas. Y si andan Santi y  Alberto , también asturianos, por las inmediaciones, la risa está asegurada. No he conocido ingenio más agudo que el de estos dos amigos inseparables. Porque esa es otra de las maravillas de la bici, forja amistades de esas de las de toda la vida. Algo tienen los pedales, pero unen de una forma especial.

¿Y habéis decorado alguna vez una bici? A nosotros nos gusta engalanarlas para que luzcan bonitas cuando hacemos concentraciones pacíficas para reivindicar su uso. Este verano, para entrar a Oviedo, Mónica organizó un divertido taller de ornamentos cicloturistas. Y así, desfilaron ante la Catedral ruedas con radios de colores, flecos en los manillares y coloridos banderines amarrados a los portabultos.

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A los cicloturistas nos gusta comer. No penséis que volvemos de nuestros viajes con tipo fino. En absoluto. De hecho, yo creo que engordo. Cuando paramos en un pueblo, abordamos literalmente la tiendecilla de alimentación o el camión del frutero que pasaba por allí. Recuerdo un verano en Soria que desabastecimos de pan a los vecinos al hacernos con todas las barras que tenía el pequeño súper del lugar. La cajera no daba crédito. Por mucha enmienda que hagas de comerte un sándwich ligerito y una pieza de fruta, empiezan a salir “chorizos de mi pueblo”, sabrosas cuñas de queso, latas de sardinas o exquisitos patés de algas de las alforjas vecinas y ¿cómo decir que no? Además los hay que, con tal de aligerar peso, ofrecen hasta la comida que han comprado esa mañana en la tienda con su cuadrilla, a pesar de que ha perdido a su cuadrilla hace ya un buen rato y a riesgo de dejarlos sin alimento. “Comed, comed. Ellos lo entenderán”, te anima. Y allá te ves tú dándole al jamón, a los paraguayos y al chocolate ajeno.

Cuando viajas en bici, te llevas la casa a cuestas. En las alforjas, sueles transportar tu ropa, el saco, la esterilla y la tienda de campaña. La cocinilla y los alimentos, yo los suelo llevar aparte, en una caja de fruta de las de plástico, sobre las alforjas. Lo cierto es que llevas peso. Aunque luego hay gente más y menos hábil para aligerar equipaje. Todo un arte. Como mi amiga Marijose, de Logroño, que es una auténtica maga economizando peso. Al final lleva todo lo necesario, como yo, pero en la mitad de espacio. ¡Y claro! Vuela en los puertos. Subiendo, por supuesto. Bajando, mis kilos de más me hacen invencible.

De todos modos, el peso no es tan importante porque el ritmo es lo de menos. Viajar en bici es viajar sin prisas, disfrutando del camino y de lo que sale a tu paso. Siempre lo digo, somos unos disfrutones de la bici. Su sólo sonido al rodar nos embriaga. Y pedalear no tiene edad. En estos encuentros, hubo incluso bebés que viajaban en remolques anclados a las bicis de sus papis o niños que pedaleaban con sus abuelos. O adolescentes, como Bulahi, un chaval saharaui que ya lleva varios encuentros acompañando a Rai, el navarro que lo acoge en su casa todos los veranos; o Mario, el nieto de Leo, que hizo la etapa entre Oviedo y Pravia con nosotros y luego regresó en tren. También viajaron dos perritas en el pelotón, acomodadas en carros, Nesca y Tuerca.

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En la bici, cuando tienes una avería, salen cientos de manos y de cajas de herramientas para echarte un cable. Si tienes una pájara, tendrás equipo de apoyo. Charla y cuarto plato, o sea, pie a tierra. Si tienes hambre o sed, de nada te faltará. Si quieres reír y compartir, siempre habrá con quien. Si quieres pedalear en silencio y a solas, encontrarás el respeto  de los demás para hacerlo. En la bici disfrutarás del paisaje y de los sonidos, de las cosas pequeñas y de las inmensas, del paisanaje y del tiempo. Yo he llorado. Me he crecido, he discutido, reído, emocionado, confesado,  curado, gritado. Me he superado e, incluso, me he enamorado andando en bici.

Para mí ha sido un verano inolvidable. Se ha detenido el tiempo y he disfrutado como nunca de los pedales, de la gente y de mi querida tierra. Ha habido unas catorce personas de Asturiesconbici que se dejaron la piel organizando unos encuentros de diez cargados de sorpresas, como el día que David e Inés nos agasajaron con rodajas de melón fresquito tras coronar el Puerto Ventana (compraron nada menos que 133 kilos, unos 33 melones, que cargaron en la furgo de apoyo) o con las 419 moscovitas que elaboró Inés Cano (sweetwondersshop.blospot.com.es) entre las 8 de la mañana y las doce de la noche y que regalaron a los participantes en el colegio de Villafría, en Oviedo. O cuando trajeron a David, un cuentacuentos maravilloso que nos hizo reír como niños en Sena de Luna.

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Además de dotarte de unos glúteos de infarto, andar en bicicleta reduce el riesgo de infarto, te hace más feliz, mejora la articulación, adelgaza (si no te hinchas a las viandas que te ofrecen tus compañeros), aumenta tu capacidad respiratoria y es un fabuloso ejercicio anti estrés. Es barato, no contamina y no tiene edad. Si no sabes andar en bici, no hay problema, Astriesconbici te enseña de forma gratuita a través de su programa “Biciescuela”. El próximo día 19 de septiembre, a las once, habrá un taller en el Campo San Francisco. ¿Te animas?

Y cómo esto es un blog vinculado a una tienda de moda, no puedo dejar pasar la oportunidad de hablar sobre cómo ir vestido en la bici. Lo mejor, si vas a estar muchas horas, es llevar un buen culote con badana, para proteger tus partes íntimas del roce del sillín. Todo lo demás, va al gusto del consumidor. Yo llevo camisetas de tirantes porque paso mucho calor y prefiero los colores lisos. La estética ciclista de maillot multicolor atiborrada de publicidad no me gusta personalmente, pero para gustos, colores. Aquí os dejo fotos de los maillots que más me gustaron en estos encuentros y un detalle: la colada de Jon.

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Pero si bien el culote es lo más apropiado para pedalear durante horas, no es precisamente favorecedor ni femenino. En mis salidas urbanas o en el desplazamiento por ciudad, opto por pantalones cómodos, deportivas y camisetas. Aunque también he pedaleado con vestido y sandalias y me sentí genial. De hecho, en Amsterdam o en Florencia, ciudades donde moverse en bicicleta está totalmente implantado entre la población, he visto gente realmente elegante sobre su bici. Y tan pichis.

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16 respuestas a “Este culo no lo conseguí yendo en coche”

  1. Lope Fernández Vidal

    Sandra Solis, me parece precioso, que lindo . Tanto la pagina como la forma. Bravo. Lo comparto. Un abrazo fuerte. Y gracias por unos encuentros ASTURIANOS TAN MARAVILLOSOS.

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  2. María Jose

    Me ha encantado, que bien escribes Sandra!!!. Comparto desde la primera hasta la última coma. Bsott Reina!!

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  3. Toñín Indignado

    Gran reportaje, has transmitido magníficamente las bondades y las sensaciones de nuestra forma de cicloturismo. Personalmente destacaría dos: la austeridad y las personas. Demostramos que se puede vivir con felicidad y plenitud empleando muy poco y huyendo del consumismo. Luego, las personas, nuestra forma de viajar ofrece la oportunidad de conocer al otro y es así como nos topamos con auténticos tesoros. A seguir cuidando esa gloriosa anatomía, nos vemos en la próxima ruta. Besos y un fuerte abrazo.

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  4. xixonman

    Si olvidamos la bici como elemento meramente deportivo y la vinculamos al ocio o al transporte público….la visión de la bici se agranda, es más plural y versátil socialmente hablando….El artículo de Sandra es una buena prueba de ello…

    En lo de la ropa estoy con Sandra, más que nada porque es algo que llevo defendiendo desde hace más de 30 años…No hace falta ser una pancarta publicitaria con ruedas para hacer cicloturismo, de alforjas o sin alforjas…

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  5. Mikel

    “Y cómo esto es un blog vinculado a una tienda de moda, no puedo dejar pasar la oportunidad de hablar sobre cómo ir”… desnudo en la bici. Venga, una pequeña mención a la Ciclonudista.

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  6. Jon

    Oooooohhhhhhh¡¡¡¡¡¡..Impresionante documento Sandra¡¡¡ gran lectura sobre lo ke es una aventura cicloturista con todo tipo de detalles y como lo vivimos desde dentro,aunke a much@s desde fuera les parezca ke estamos chalaus y ke menudo sufrir y mas al sol..¡¡ Ahora mismo leyendote ya me contagiaste y pusiste las ganitas de pedalear de new y eso ke aki ahora llueve y no hay sol :* Hay ke decir ke la actitud tambien hace y mucho como en todo y en ese aspecto compartir contigo es un lujo por tu alegria,energia y sensibilidad. Espero ke nos veamos pronto compartiendo coladas parrilleras y sonrrisas sencillas.Un muxu¡¡ Salud Y pedal.

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    • elantiguoiriarte

      Hola Jon. Qué alegría saber de ti y leer las palabras que has dedicado a mi relato sobre el mundo de la bici con alforjas. Lo cierto es que lo pasamos muy bien y venimos de esos encuentros renovados y felices. Y sobre todo, encantados de compartir tanto con gente que afronta la vida con el mismo espíritu. Un placer, siempre, pedalear a tu vera y reírnos de tantas cosas. Un beso grande grande, como tú.

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