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El antiguo Iriarte

Ropa, zapatos y bolsos para una mujer real

Nuestras sesiones de fotos

Por Sandra Solís

 

Un par de veces al año, cuando comienza una temporada y nos llegan a la tienda las cosas nuevas, nos gusta hacer una sesión de fotos intensa para actualizar la página web e ir publicando en las redes sociales imágenes con nuestros looks favoritos. A pesar de que trabajamos con más de 17 marcas, entre calzado, ropa y complementos, preferimos crear nuestros propios estilismos en vez de tirar de los books de las firmas. ¿Por qué? Por cercanía, porque defendemos los posados naturales (nada de Photoshop ni retoques), porque apostamos por las mujeres reales y porque es mucho más divertido. Resulta, cuando menos curioso, que las mismas que te atendemos en la tienda, limpiemos los cristales a primera hora, pongamos los escaparates, asistamos a ferias, escribamos un blog, posemos con las tendencias del momento. Pero es así. El presupuesto en un pequeño negocio no da para más pero nos sobra energía, iniciativa e imaginación.

Este año propusimos a mi hija Lucía y a dos de sus amigas, Carol y Alba, que fueran las protagonistas de la temporada otoño-invierno. Lograr que tres adolescentes prescindan durante una tarde de finales de verano de sus planes juveniles no fue tarea fácil. Tras algunos intentos fallidos, logramos coordinar nuestras agendas y hacer coincidir esa exquisita circunstancia con una tarde nublada, algo fresquita, pero sin lluvia. Necesitábamos un día que aunque fuera de verano pareciera de otoño. ¡Bueno!, eso en Asturias no es muy difícil.

Elegimos localización: la playa de Verdicio. Como no hacía ni sol ni calor, la tendríamos a nuestra entera disposición. Las chicas quedaron al mediodía en casa para pintarse un poco el ojo y a eso de las cuatro y media de la tarde, partimos hacia la costa. Yo por la mañana, en la tienda, había preparado los looks. Jerséis,  pantalones, bolsos y una colección de botas. Escogí tallas y números y los fui colocando en grandes bolsas. Nole, conductor, fotógrafo y un santo varón por aguantar semejante jaleo, las cargó en el maletero. No cabía ni una más. ¡A tope!

Por el camino, las chicas iban felices. Muy contentas de compartir esta aventura.

-¡Pon música, mamá!-, me pidió Lucía

-¡¡¡Esa no, mamá!!! Toma la mía-, y me pasó su móvil.

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Y así viajamos, a ritmo de bachata y regaeton, volumen a tope y con las tres cantando y moviéndose en el asiento trasero como si no hubiera un mañana. Lu y Carol se sabían todas las letras de cabo a rabo. 

Ya en la playa, vacía, como habíamos augurado, empecé a repartir bolsas. Así son los “posados pobres”, las modelos también son porteadoras. Bolsa para arriba, bolsa para abajo.

-¡Jo! ¡Vaya como pesa ésta!-, protesta Carol

-Es que es la de zapatos. Dásela a Nole-, le digo

-¡Hala!, qué explotación-, protesta el afectado

Empiezo a repartir ropa e instrucciones.

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 -Cuidar la ropa que es de la tienda. Y con los zapatos no piséis apenas, hacemos la foto y fuera-, aviso, que me las conozco.

Le paso un suéter a mi hija y le pregunto:

-¿No es una pasada? Me encanta-

-¿Qué dices, mamá? ¡¡Si es de vieja!!-, exclama

Eso me pasa por preguntar.

-¡Anda! ¡Qué sabrás tú!-, le replico.

-Pues el mío me gusta mucho-, me echa un cable Alba.

-Gracias, cariño, tú sí que sabes-, le digo.

Y se ríen. Muchas risas. Están muy contentas, bromean entre ellas, se pelean en broma porque prefieren los modelos que les asigno a las otras en vez de los que les he reservado para cada una. Yo las ayudo a vestirse, trato de camuflar o quitar las etiquetas, aunque no siempre lo logro y algunas se cuelan en las fotos. Riño.

-¿Cómo me traéis esas uñas pintadas así? ¡Están todas desconchadas! ¡Menudas modelos!-

Ellas se ríen y encogen los hombros. Nole tiene que hacer malabares para que en las fotos no salgan este tipo de descuidos.

Están nerviosas y no saben cómo posar. Yo les voy diciendo. Nole, también. Se ríen mucho entre ellas, hacen muecas y el payaso. Me encanta cuando se ríen de forma natural. Su espontaneidad, su alegría, sus ganas de comerse el mundo.

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Para sacar sus gestos naturales, les hacemos hacer de todo. Que si sube a una roca.

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Que si hacer tiro de cuerda.

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Que si caminar en equilibrio por un tronco.

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Que si empujaros para perder el equilibrio.

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Que si posar de frente

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Que si posar de espaldas

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Que si saltar

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Las tres tienen unas melenas divinas y larguísimas y no paran de tocarse el pelo. ¡Vaya cruz! Toque para acá, toque apara allá.

-¡A ver, chicas! ¡Dejad un poco las melenas!-, vuelvo a reñir.

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Y ponen muecas. Como las fotos que hacen para sus selfies que a ellas tanto les gustan. Y se parten de risa. Sacando la lengua, haciendo la “V” con los dedos… Tienen una complicidad maravillosa y da gusto verlas y escuchar sus carcajadas.

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Lucía posa descalza en la arena, sobre un tronco, y toca algo viscoso con los pies.

-¡Arg! ¡Qué es esto!-grita mientras hace una mueca de asco.

Alba y Carol ríen como locas.

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Las tres vienen en biquini porque les da vergüenza cambiarse delante de Nole. En algunas fotos se cuela, tras el calado del jersey, el color azulón estridente del traje de baño de Carol.

-¡Carol! ¿No tenías un biquini con un color más neutro?-

Carol me mira como diciendo “esto es lo que hay” y encoge los hombros. ¡Menuda es! No hay quien pueda con ellas.

Las ayudo a vestirse y se ayudan entre ellas. Carretan una vez más, bolsa para arriba, bolsa para abajo. Ahora tocan los bolsos y después los botines. Empiezan a estar cansadas. La tarde va pasando y llevamos hechas más de 1.000 fotos.

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-¡Venga chicas, que sólo quedan tres looks y luego nos vamos a merendar!-, las animo.

Me acerco a ellas, las abrazo y a mi hija me la como a besos. No lo puedo evitar.

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-Lo estáis haciendo genial. Gracias chicas-, sigo animando.

Cuando saco unos botines de taconazo de Janet & Janet, las tres exclaman maravilladas.

-¿Esos para quien son?, pregunta Lucía.

-Para Alba, son su número-, informo.

-¡Jo, qué morro!, protestan las otras dos ante la sonrisa complacida de la que los lucirá.

-¿Cuándo me voy a poder poner yo unos como esos, mamá?-

Me río. No me queda otra. Tanta inocencia me enternece.

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La sesión va llegando a su fin. Yo empiezo a recoger todo con mimo en las bolsas. Ellas se vuelven a poner su ropa, unos vaqueros cortísimos que nos han dado algún quebradero de cabeza. En las primeras fotos, con grandes jerséis, no se les veían los pantalones y parecía que estaban con el culo al aire. Doy fe de que en ningún momento fue así.

-¿Tenéis hambre?-

-¡Yo me comería un caballo!, dice Carol.

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-¡Pues a merendar!-, anuncio feliz. Qué bien sienta compartir una tarde con tu hija adolescente, sus amigas y tu chico. Nos subimos en el coche rumbo al chiringuito Las Dunas de Verdicio. Pillamos una mesa junto al escenario, va a haber un concierto. Mientras voy a por la carta, Nole aún les hace alguna foto más con los zapatos. Encima de los palets, para no manchar las suelas. Piden bocatas y refrescos. Empieza la música y hay un ambientillo chulísimo. Mientras devoran sus bocadillos, Nole y yo bailamos, relajados ya, por fin. Lucía nos increpa:

-¡Mamaaaaa!-

Le avergüenza que baile y haga el payaso delante de ella y de sus amigas. ¡Adolescentes!

Nos vamos a casa. Estamos todos agotados, pero felices. En el coche, otra vez bachata a todo lo que da.

Gracias Alba, Carol y Lucía. Sois preciosas, geniales, alegres y encantadoras. Transmitís tantas cosas bonitas que las fotos no podían haber quedado mejor. Esta crónica ha querido ser un homenaje a vuestra frescura, vuestra disposición, vuestro entusiasmo y vuestra paciencia. ¡Cuánto os quiero!

Nuestras sesiones de fotos

Lucía

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Carol

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Alba

3 respuestas a “Nuestras sesiones de fotos”

  1. Montse Pérez

    Sois unas profesionales.
    Las modelos no pueden ser más guapas.
    Sandra me gustas porque escribes como piensas y como sientes.
    Un beso

    Responder

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