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El antiguo Iriarte

Ropa, zapatos y bolsos para una mujer real

Mirando al mar

Por Sandra Solís   Qué ganas tenía de luz, de sol, de mar. Este año nos ha dado por Portugal y Martín y yo volvimos a escaparnos al país luso la semana pasada. Esta vez fue algo más que una escapada, estuvimos nueve días, y queríamos tranquilidad, silencio, descanso y playas. Había que recargar pilas tras el largo y gris invierno asturiano y decidimos conocer el Algarve.   P1040669   La primera noche, de tránsito, la pasamos en Elvas, un pueblo amurallado declarado Patrimonio de la Humanidad, que te encuentras en ruta al poco de dejar España, a unos 8 kilómetros de Badajoz. Una verdadera preciosidad. Paseamos por sus calles empedradas, recorrimos su muralla, visitamos su plaza de la República, contemplamos su magnífico acueducto, nos fotografiamos junto a la Catedral y nos acercamos hasta su lindo castillo, desde donde vimos anochecer. Un lugar maravilloso que os recomiendo. Además, había leído que los restaurantes de este lugar se llenaban los fines de semana de extremeños en busca de la calidad, la cantidad y los precios de los platos portugueses. Y dimos fe. Muy recomendable. Pero Elvas sólo fue un aperitivo de lo que nos esperaba. Tras resivar muchas páginas web, muchas fotos y muchos blogs de viaje, opté por reservar una habitación con vistas al mar en el Castelo Guest House, un hotel pequeño y familiar, como a mí me gustan, en la Praia do Carvoeiro, en el concejo de Lagoa. ¿Qué os parece?
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Nosotros quedamos maravillados. Además, llegamos por la mañana de un día muy soleado, y el pueblo y la playa lucían divinos. Teníamos el mar y el horizonte a nuestros pies. Ni qué deciros del lujazo de desayunar todos los días en la fantástica terraza mirando al mar. Precio del hotel para dos personas durante siete noches: 580 €. Y, aunque no tiene restaurante ( sí ofrece un desayuno europeo por 8 euros), la habitación dispone de una pequeña cocina muy bien equipada que nos dio mucho juego. Estuvimos como en casa. Tras dejar los bártulos en el hotel, corrimos hacia la primera playa, a unos 3 kilómetros. Teníamos mono. Fue Carvalho. Otra gran sorpresa. Yo parecía una niña pequeña abriendo los regalos de Navidad. Con la misma alegría e ilusión, recibía cada descubrimiento. Al igual que los hoteles pequeños, también me gustan las playas pequeñas. Por eso prefiero las calas a los largos arenales. Para nadar, investigar y descubrir tesoros entre las piedras y cobijarme en la sombra que me dan las rocas. Para acceder a esta calita que pocos conocen, hay que bajar por unas escaleras que atraviesan la montaña. Fascinante. Toda una aventura que te conduce a un pequeño rincón íntimo y familiar en el que pasamos nuestra primera tarde.
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A partir de entonces, cada día descubrimos una cala, un pueblo y un restaurante. No nos planteamos grandes metas. Queríamos descansar. Por lo tanto, escogíamos playa, pasábamos allí el día y, por la noche, tras una duchita, a disfrutar de la gastronomía local. El segundo día visitamos la playa más hermosa, Praia do Marinha, a un par de kilómetros de la de Carvalho. Se trata de varias calitas separadas por grandiosas y caprichosas formaciones rocosas, que simulan arcos o puentes, a los pies de un impresionante acantilado.
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Otro día nos aventuramos hasta la Praia Do Camilo, a un extremo de la ciudad de Lagos. Otra pequeña cala de aguas tranquilas, impresionantes acantilados y formaciones rocosas a la que se accede bajando unas escaleras interminables. Fantástica. Además, el mar estaba en calma y me permitió ir nadando a otras calitas pequeñas a las que se llegaba atravesando arcos naturales hechos en la roca o pequeñas grutas. Al lado, visitamos el faro y un conjunto de acantilados conocido como Ponta da Piedade.
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Los últimos días, optamos por la Praia do Paraíso, al lado de nuestro hotel y a la que podíamos ir caminando. Estuvimos solos y disfrutamos de más de lo mismo: acantilados, formaciones rocosas espectaculares y arena dorada. Hubo dos días que amanecieron nublados y aprovechamos para hacer turismo. Uno de ellos, nos fuimos a conocer el Cabo de San Vicente, en el suroeste de Portugal, y otro visitamos el pueblo al que pensábamos ir en un primer momento, Tavira, en el este, cerca de la frontera española con Huelva. Atravesada por el río Galio, esta localidad nos enamoró. Calles empedradas, plazuelas, iglesias, puentes, uno de ellos de origen romano, y hermosos edificios coloniales. En uno de sus restaurantes, de nombre Avenida, comimos un delicioso arroz con marisco a un precio fantástico y en una de sus tiendas, Casa das Portas, adquirí varios objetos de decoración que ya lucen estupendos en mi casa. Un establecimiento con mucho gusto y en el que apetece comprarlo todo. Una visita más que recomendable. De regreso a Carvoeiro, paramos en Faro. Tiene una ciudad intramuros exquisitamente cuidada y muy hermosa.
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Ya sé que esto no es un blog de viajes, pero quería acercaros el Algarve y compartir con vosotros algunas de las fotos que hice de estos lugares tan maravillosos. ¿Quién sabe? Igual después de ver estas imágenes os animáis a visitar esta zona de Portugal. Si lo hacéis, no dejéis de consultar www.adondeir.com. Es un magnífico blog que te da una visión clara y global del país luso y ofrece recomendaciones buenísimas. Ahora sí os hablaré de los básicos que incluyo en mi maleta para hacer un viaje así. Por el día, para ir de cala en cala, yo soy una incondicional de los pareos, las camisetas y las chanclas. ¡Qué felicidad! Creo que así me iría al fin del mundo. Tengo un montón de pareos de todos los colores, de hecho, en este tipo de viajes playeros, suelo aprovechar para hacerme con algunos en las tiendas locales. Aquí estoy con uno que compré el año pasado en Las Negras, en Cabo de Gata. Las camisetas, siempre básicas y en colores lisos. En cuanto a las chanclas, soy absolutamente fiel a las Havaianas slim. P1040892 Para callejear o salir a cenar, siempre llevo en mi equipaje varios vestidos. Me encantan, sobre todo los largos, y me parecen la prenda más práctica del mundo. Para empezar, una vez decides cual ponerte, ya estás lista. Sólo tienes que elegir el bolso y el calzado y ¡voilà! Nada de dedicar media hora a combinar una falda o un pantalón con la camiseta, la blusa o el top adecuados. Además, dependiendo de los complementos que escojas, con un mismo vestido puedes crear looks muy diferentes. Si lo pones con unas alpargatas de cuña o unas sandalias planas y un cesto de mimbre, por ejemplo, estarás perfecta para ir a recorrer las callejuelas de los pueblos o a la playa. Si te calzas unos taconazos y llevas lo mínimo en un clutch, ya estás lista para ir a tu restaurante favorito. Y cualquier vestido, sea del estilo que sea, admite otra de mis prendas fetiche para el verano: la cazadora vaquera. ¿Qué más se le puede pedir a una prenda? En esta ocasión, tenía ganas de color. Creo que el norte muchas tenemos una tendencia casi natural a vestirnos de negro o en tonos oscuros. Al menos, mi armario está lleno. Y como quería quitarme el invierno de encima, seleccioné dos vestidos de seda, uno con manga francesa y otro sin mangas, de La Fée Maraboutée en tonos frambuesa y turquesa, respectivamente. Ambas piezas combinaban perfectamente con un bolero de algodón azul marino de la misma marca y con las sandalias de c.doux y las botas de Janet Sport que eché en mi bolsa de viaje. Pero tengo que ser sincera: también incluí un vestido negro. De gasa, muy escotado y largo. Me enamoré de él en el muestrario y me hice con uno para poner en alguna noche especial. ?Qué tal una cena con tu chico en un restaurante fabuloso? Y para eso chicas, el negro es único.
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Finalmente, en mi equipaje no pueden faltar los foulares, un bolso de lona de la colección MD20 de Mandarina Duck, un bolso pequeño de bandolera y la bolsa de la playa. También me llevé un pantalón pitillo azul marino y un jersey a rayas estilo marinero de Bató Petó , muy propios para los ambientes playeros, pero que no llegaron a salir del armario porque la temperatura era muy agradable y tenía mono de vestidos. Y hasta aquí mis vacaciones. Espero no haberos aburrido con tantas playas y que os hayan gustado las fotos del Algarve y los looks que os propongo. Hasta la próxima.
 

2 respuestas a “Mirando al mar”

  1. Enrique Pinin

    Se me cae la baba,reina……qué maravilla……..he viajado con vosotros y sentí todos los olores y todos los sabores…..

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    • Sandra Solís

      Esa capacidad de viajar sin ir, de sentir sin percibir, de mirar sin ver sólo la tienen las personas con una gran imaginación y sensibilidad. Me ha encantado llevarte a hermosos lugares, amigo.

      Responder

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