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El antiguo Iriarte

Ropa, zapatos y bolsos para una mujer real

Hoy casi muero

 

Por Sandra Solís

 

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Esta mañana, a 2º centígrados e inmersa en una densa niebla, casi muero de pena. De la que venía, a abrir, observé como la dueña de una pequeña tienda de cosméticos bio en la calle Cimadevilla ayudaba a un chico a cargar todos los enseres del local en una furgoneta en la que se leía “Hacemos traslados económicos”. Esa pequeña tienda debe de llevar abierta desde el verano. Apenas ha durado 6 meses. Imagino, que tampoco lo sé, que su dueña la habrá abierto con toda la ilusión, invirtiendo algunos ahorros o la paga íntegra del paro, intentando ganarse la vida con algo que le gusta y ofreciendo un servicio a los demás (también  hacía manicuras  y tratamientos de belleza). Imagino su desolación al ver, día tras día, que apenas media docena de mujeres  entraban en el local y que las ventas del día se podían contar con los dedos de una mano. Me la imagino cansada, desanimada, haciendo cuentas que no salen  y harta de ver pasar las horas en su pequeño negocio a la espera, siempre a la espera.  Imagino que un día tomó la decisión: de finales de diciembre no pasa. Ni un mes de alquiler más, ni más pérdidas, ni más esperas a que alguien decida entrar en tu local. Y llega el día de irte y sientes una pena enorme. Angustia. Pero, al tiempo, una liberación. Te has sentido tan frustrada tantos meses…

 

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Esta mañana casi muero de pena porque nosotras hemos pasado por eso. Porque sabemos lo que se sufre y lo que se siente al cerrar un negocio que abres con toda la ilusión. Porque sabemos lo que cuesta salir a flote y sobrevivir. No conozco a la dueña de esa pequeña tienda de cosméticos bio. Pero hoy me he sentido ella. Y me siento mi vecina, que ha abierto aquí al lado, en Magdalena, 18, también en verano una tiendecita encantadora de ropa infantil “Moi et voilà” y ahora está con todo al 50% y anuncia en su puerta que se traslada a la calle Asturias y que hoy será su último día.

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También Tere, propietaria de Cuquín, en la calle Cimadevilla esquina con San Antonio, cerrará su comercio en enero. Ni sacando sus lindas sillitas infantiles pintadas a mano a la calle, jugándose la multa municipal, logra los ingresos suficientes.

Así están los negocios, en la cuerda floja. Intentando sobrevivir en un mundo que cada vez se lo pone más difícil. La Administración, en vez de ayudar a los emprendedores, no hace más que poner trabas burocráticas y tasas astronómicas. En vez de darte tiempo para hacer dinero, te lo exigen de antemano. Abres un negocio ya empufado. ¿Quién sobrevive así? Las grandes firmas copan los centros de las ciudades e imponen sus normas. Aperturas, rebajas, precios… ¿Quién puede competir con multinacionales gigantes que controlan todo el proceso, desde la fabricación hasta la venta?

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Muchos clientes entran en las tiendas preguntando de antemano que qué descuentos tenemos o advirtiendo que “en el centro” ya están con el 50%. Nosotros, los pequeños, no podemos poner las rebajas antes porque no nos salen los números. A nosotros no nos hacen descuento nuestros proveedores y las letras están ahí, como hachazos cada mes. Para rentabilizar las temporadas, las rebajas tienen que ser como antaño. Ahora el Black Friday se ha cargado por completo la campaña de Navidad y los descuentos especiales pre-Reyes, las rebajas.

Tus propios proveedores te hacen la competencia on-line con descuentos que aplican fuera de tiempo y a traición y cada vez más clientes vienen a las tiendas físicas, se prueban lo que les gusta y luego lo compran por internet.

Llevo dos horas en la tienda, escribiendo, y sólo ha entrado una persona a la que le he vendido un chaquetón. Con descuento, por supuesto. Hoy, que estamos a 2º centígrados  y es época de vender la ropa de invierno. ¿Rebajada? Esto es el mundo al revés. Los grandes almacenes cuelgan en sus percheros abrigos en verano (de avance de temporada) y vestiditos de seda en invierno (también de avance de temporada). Pero te venden con un 50% lo que puedes poner esa misma tarde. ¿Qué sentido tiene para un comercio?

Y así sobrevivimos todos los días en nuestros negocios, intentando trabajar con alegría e ilusión, poniendo nuestros escaparates bonitos, publicando fotos de nuestros artículos en Facebook, uniéndonos con otros pequeños para hacer campañas juntos, tirando de nuestros ahorros (quien los tiene) para hacer frente a los meses que acumulan más letras y mirando hacia adelante pese a que hay días, como hoy, que cuando ves una pequeña tienda cerrar, una más, casi mueres.

4 respuestas a “Hoy casi muero”

  1. Cris Diaz a través de Facebook

    Sandra, sólo desearos de corazón un Feliz 2017…. y ojalá, que aprendamos a valorar de verdad al pequeño comercio, al artesano, al que ha de sumar poco a poco cada día, sí o sí…. Ojalá 2017 nos traiga a tod@s más concienciación, más empatía y ya puestos, más humanidad…. Créeme que tu texto me ha entristecido a mí también y con tu permiso, lo comparto. Un beso enorme! 😘

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  2. Begoña Lorenzo a través de Facebook

    Cuánta razón en todo lo que escribes.Que pena cuando ves los carteles de liquidación , esas calles llenas de bajos comerciales cerrados, con carteles de” se alquila” descoloridos por el paso de los meses. Calles donde apenas permanecen 3 o 4 comercios abiertos….

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  3. eduardo garcía ibaseta

    Fantastica reflexión

    Pues nada, si os ha tocado la fibra sensible a comprar más en tiendas de cercania y la próxima vez que alguién te presuma de lo barato que le ha salido su compra por internet recordarle que muchas veces lo barato sale caro

    un fuerte abrazo sandra

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  4. Félix Revilla

    Muy buena reflexión, aunque para mí incompleta. Sólo le falta una preguntita, ? Porqué ocurre esto?
    ? Es sólo culpa de las multinacionales y grandes proveedores? O quizás también de nosotros consumidores que nos dejamos arrastrar por la masa borreguil conducida por 4 depredadores que inducen de manera muy estudiada nuestro comportamiento.
    Yo creo que somos todos culpables, de comprar en domingos, de comprar en los chinos, de esperar a las rebajas que cada día salen antes, de dejarnos seducir por internet que te lo llevan a casa y con descuento, de que te bajen el sueldo y te suban la luz, que te despidan del trabajo, que te suban los impuestos, que te den ….. y no pasa nada.
    NO PASA NADA. Esto es lo que ocurre. NADA. Los cierres son pequeñeces al lado de la realidad. Nos están absorbiendo la personalidad. No somos NADA más que lo que quieren que seamos, pero tranquilos, que la masa les seguirá votando para sigan reinando los que nos sirven el seso.
    Peña dá ver los resultados, pero mientras no se cambie la mentalidad seguiremos igual. Sorry

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