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El antiguo Iriarte

Ropa, zapatos y bolsos para una mujer real

Una pequeña tienda de barrio

Por Sandra Solís

El antiguo Iriarte, hoy en día, lo atendemos dos hermanas: Sandra, que soy yo, la que escribirá asiduamente en nuestro blog para contaros las novedades de la tienda o lo que se cuece por aquí, y Vanessa Solís. Mi madre, aunque está jubilada, no puede estar lejos de su amado negocio y también se deja ver a diario. Y no hay que olvidarse de Simón, nuestro scottish terrier negro, al que podréis ver inmóvil mirando la vida pasar a través del vidrio de alguno de los escaparates. Al fin y al cabo, somos una pequeña tienda de barrio y un establecimiento cien por cien familiar. No podía faltar nuestra mascota.

Pero toda historia tiene un principio y el nuestro se remonta al año 1963 cuando mi abuela Milagros Santiago García, viuda de Juan Manuel Solís, marino mercante y práctico del puerto de Avilés, adquirió mediante traspaso un pequeño comercio de venta de paraguas y bisutería en la calle Magdalena esquina con Juan Botas, en Oviedo. Su intención era que lo atendieran sus hijos, Juan Manuel y Eloy, a los que los estudios no les habían dado los resultados esperados.

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Imagen de la tienda antes de la rehabilitación del edificio. Fotografía de Fernando Geijo

 

Ambos jóvenes comenzaron a trabajar en el establecimiento, pero primero mi padre, Juan Manuel, y luego mi tío cansaron en seguida de vivir tras un mostrador e iniciaron una próspera carrera de representantes comerciales que ejercerían hasta su jubilación. Fue entonces cuando mi madre, Nini, tomó las riendas del negocio familiar mientras la matriarca, Milagros, seguía todas las operaciones comerciales sentada en una silla al fondo del largo mostrador.

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Nini, mostrando unos bolsos, y yo tras el mostrador de la vieja tienda y bajo los paraguas que colgaban del techo. Corría el año 1992.

La familia Solís abandonó la venta de bisutería, pero siguió vendiendo paraguas, que almacenaba en el techo del establecimiento, durante muchos años. Mi madre, que ejercía labores de escaparatista, compradora, vendedora y contable, como sucede en todas las tiendas de barrio, fue incorporando otros productos al pequeño local. Desde botas de vino hasta bolsas de playa. Era una tienda de las de antes. Atiborrada de mercancía, con cajones rebosantes de carteras y de polilla. Al cabo de unos años, se sumó al negocio familiar mi tía Josefina.

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De pie, mi madre, Nini, poniendo el escaparate mientras la miran risueñas Vanessa, de rodillas, y Josefina.

El comercio tenía dos entradas. La principal, por la calle Magdalena, con dos puertas batientes y un escaparate a cada lado, y una más pequeñita, de una sola hoja, por la calle Juan Botas.

Mi abuela murió en 1995, a los 86 años de edad. Sus nueras siguieron atendiendo el negocio y sus hijos viajando. En verano y en Navidad, mi hermana Vanessa y yo echábamos una mano en la tienda para ir conociendo los secretos del negocio y para ganarnos algunas pesetillas extra.

A finales de los 90, el edificio donde se ubicaba la tienda fue declarado en ruinas y hubo que rehabilitarlo. Durante los trabajos de reconstrucción, mi padre compró otro local en la calle Magdalena cuya galería trasera se asoma a la calle Fierro. El negocio se trasladó unos metros, del número 24 al 14. Cuando el edificio ya estuvo terminado, volvimos a la vieja esquina pero a un local mucho más amplio y luminoso, con la piedra vista y cuatro magníficos escaparates. Fue en este momento cuando mi hermana, que había estudiado Turismo pero que nunca llegó a ejercer, se sumó al negocio familiar y se hizo cargo de esta nueva tienda incorporando prestigiosas marcas de bolsos e introduciendo nuevos productos, como ropa y calzado sólo de mujer.

La jubilación de mi madre, primero, y mi tía, años más tarde, propició mi incorporación a la empresa. Vanessa y yo dimos a la tienda una mano de pintura y renovamos telas, tapicerías y parte del mobiliario, dinamizamos los escaparates, cambiamos su imagen corporativa e incorporamos nuevas marcas. También potenciamos nuestra presencia en las redes sociales y en internet. Pero nuestro fuerte y lo que nos han enseñado desde pequeñitas es a tratar bien a la gente, a saber que cada persona que entra por la puerta es única y especial. Nos gusta conocerte, cuidarte, saber lo que quieres, cómo te llamas a cual es tu estilo. Ese es el secreto para que nuestra pequeña tienda del casco viejo siga activa después de 50 años.

10 respuestas a “Una pequeña tienda de barrio”

  1. El antiguo iriarte a través de Facebook

    Gracias chicas. Cómo presta que nuestra historia os haya gustado tanto. Será porque la hemos escrito con mucho cariño. Un saludo. Intentaremos ir a por otros 50 años más puesto que ya hay relevo generacional .Ja, ja. Un saludo

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  2. Olegario Menéndez Cuervo a través de Facebook

    Que envidia chicas, para hombre nada, quizás algún día tengamos un rinconcito…..

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  3. Waldo Valbuena

    Magnífico relato donde se clarifica la esencia de un negocio familiar y como con el paso del tiempo la incorporación de nuevas generaciones aporta nueva frescura y dinamismo sin perder por ello la tradición propia del negocio, De mano de los ciudadanos esta que este tipo de negocios perduren en el tiempo y no sean engullidos por la voracidad de las grandes cadenas.

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    • elantiguoiriarte

      Waldo, gracias por tu bonito reconocimiento y por tu empatia hacia los pequeños negocios. Lo cierto es que cada vez cuesta más mantenerse en este mundo comercial en el que tanta y tan dura competencia tenemos. Venta on line, grandes superficies, franquicias millonarias… A nuestro favor tenemos la cercanía, el trato y el mimo con que todo lo hacemos. Pero no hay que dormirse. Hay que estar presente en el barrio y en el mundo. Qué difícil dualidad. Pero nuestro ánimo, energía e ilusión no decae. Un afectuoso saludo

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  4. clararoge@hotmail.com

    Que bonito relato, me ha hecho recordar los días en que iba con mi abuela o mi madre a la tienda. Iriarte siempre fue un referente en Oviedo. Hoy en día estoy fascinada con vuestros escaparates, todo es original y bonito. En fin, que apetece comprarlo todo.

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    • elantiguoiriarte

      Qué bonitas palabras, Clara. No veas cómo alienta leerlas. Nos esforzamos mucho por ofreceros cosas bonitas alejadas de la uniformidad. También tratamos de exponerlas de forma conveniente y atractiva. Siempre todo desde la intuición y el cariño. Por eso, tu reconocimiento nos hace tanta ilusión. Seguiremos trabajando para que así sea. Un saludo.

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  5. Maria Jesus Menendez a través de Facebook

    Bueno, no tengo palabras para calificar todo lo que transmiten tus palabras , eres genial , bueno todas . !!!! Muchas gracias por lo poco que me corresponda de tus palabras hacia las clientas, yo así me siento , tal como dices !!!!!!

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