Formulario de contacto

El antiguo Iriarte

Ropa, zapatos y bolsos para una mujer real

¡Enamórate de ti!

Por Sandra Solís

 

¡Enamórate de ti!

 

Entra una señora en la tienda.

-Hola, Buenos días-, la saludo.

-Buenos días-, contesta.

-Quería un vestido-, añade.

-¿Largo o corto?-, le pregunto.

-¡No, largo no!-, advierte con énfasis.

-Los cortos los tengo aquí, entonces-, y me acerco al perchero de donde empiezo a extraer y a mostrar diferentes prendas.

-No, ese no que no tiene manga y mis brazos ya no están para enseñar-, me dice.

Saco otro.

-No, ese tampoco que tiene mucho escote y ya no tengo edad-, confiesa.

-Mira, este es monísimo y sienta de maravilla-, le digo.

-¡Ay no! Demasiado corto-, salta un tanto escandalizada.

Al final, doy con cuatro vestidos que pasan esa primera criba. Los tres coinciden: media manga, por debajo de la rodilla y cuello a la caja.

-Ese quítalo que es estampado y tiene demasiado colorín. Voy a probarme estos tres-, me informa la clienta.

Se los cuelgo en el probador, le paso unos zapatos, para hacer mejor prueba, y espero a que salga. Y lo hace meneando la cabeza.

-Este no. Mira cómo transparenta y dónde voy yo con esto-, me increpa.

Vuelve al probador y sale con el siguiente. Yo la veo realmente favorecida y se lo digo.

-¡Uy, qué va! Tengo demasiado pecho-

Con el tercero se siente algo mejor. Es un modelo que tenemos todos los años, en estampados y colores diferentes, y que sienta muy bien.

-¡Ay, pero mira qué brazos! ¡Y estas rodillas! ¡Las tengo fatal! ¡Y estoy tan blanca! No sé. Creo que no tengo el día. Casi que me lo pienso-, admite abatida mientras vuelve al probador.

Yo la retengo y le pido una cosa:

-¿Por qué no cierras los ojos, vuelves a abrirlos y te miras de otra forma, con más cariño? Intenta verte en conjunto, la imagen general que irradias, lo que ve la gente cuando se cruza contigo por la calle. Seguro que nadie piensa “mira que blanca está esa mujer” o “mira qué rodillas tiene”. Esa persona que está frente al espejo eres tú y tienes que aceptarte y tratarte con mimo. Ese día te encontrarás mucho más guapa y te sentirás muy bien.

Pero se ríe con cierta resignación y sigue meneando la cabeza.

-Quizás más adelante, cuando esté un poco más morena-

Esta escena sucede en la tienda casi a diario. Y a muchos tipos de mujeres, de diferentes edades, cuerpos, estaturas y tallas. Pocas estamos, y me incluyo, satisfechas y orgullosas de nuestro físico. La que tiene mucho pecho quiere menos, la que tiene menos quiere más, la baja envidia la lucidez de la alta y la alta el garbo de la baja, la una tiene unas piernas gorditas que detesta y la otra las esconde porque son dos palillos… y luego enciendes la tele, lees una revista o miras los mupis de tu ciudad y ves a mujeres perfectas, con piernas perfectas, pechos perfectos, dientes perfectos, melenas perfectas y la edad perfecta y te sientes aún peor. Así es esta sociedad, valora lo bello, lo joven, lo efímero. ¿por qué tenemos que “esconder” nuestro cuerpo cuando tenemos unos años o cuando no encaja en los cánones de belleza “marcados por quién”? A veces, cuando tengo confianza con la clienta, y le pasa esto le digo, “¿por qué no vas enfrente, a la librería San Pablo, y compras un hábito de monja? Así no se te verá nada”. Es que hay veces que me cabrea mucho.

Por eso cuando vi la ilustración de Alicia Martín, sonreí para mis adentros y me dije: ole, ole y ole. Y la compré. Primero montaré un escaparate con el dibujo como eje central. Será mi homenaje a esta joven y valiente artista y a todas las mujeres. Y luego se lo regalaré a mi hija para que lo cuelgue en su habitación y lo vea todos los días. Para que aprenda a aceptarse y se enamore de ella misma.

Porque de eso se trata. Todas somos únicas y especiales y en vez de sacarnos tachas tenemos que ponderar aquello que nos gusta de nosotras. Y para hacer eso hay que empezar por el lenguaje con el que nos hablamos. Nada de “soy tonta”, “en qué estaré pensando” o “estoy como una foca”.

 

 

¡Enamórate de ti!

 

 

Yo, que he sido una adolescente y luego una joven acomplejada (caderas “demasiado” anchas, pecho abundante, fuertes gemelos de hacer deporte, tobillos gruesos, nariz aguileña…), decidí un día que eso era lo que había y que si no lo aceptaba de una puñetera vez, mal iba. Me desprendí de la ropa ancha y larga que tapara el culo (y que solo hacía que hacerme más ancha) y empecé a conocerme mejor, a buscar aquello que mejor me sentara, a realzar lo que me gusta de mí y a sentirme cómoda en mi piel y en mi ropa. Ahora tengo 49 años, no veo un pimiento sin las gafas de cerca, las arrugas van a apareciendo cada vez más amenazantes (y no las disimulo con nada porque jamás me he maquillado y ni sé ni tengo ahora ganas de empezar) y la piel empieza a ser menos tersa de lo que me gustaría. Sin embargo, me siento mejor que nunca (cuidado, días torcidos los tenemos todas) y creo que estoy viviendo la etapa de mi vida en la que más me he querido y en la que más guapa me veo. De hecho, yo que era anti cámaras de fotos, poso con modelos de la tienda para lucir en Facebook o Instagram con una soltura pasmosa. Y me da igual si estoy más o menos gordita, si el brazo no tensa como antes, si mi sonrisa (que me encanta por lo que transmite) no es de anuncio o si mi perfil es agresivo. No soy modelo, no soy joven, no soy hermosa. Soy real. Y cada día, cuando me miro al espejo, trato de decirme cosas bonitas porque esa persona que hay ahí enfrente es la que va a estar conmigo toda la vida. Será la única que lo hará, desde el principio hasta el final.

Alicia Martín es una chica que conocí cuando ella era adolescente. Ya desde entonces, tenía una personalidad muy marcada y muy claro lo que quería hacer. Es pequeña, decidida, reservada, inquieta y muy inteligente. Tiene unos hermosos y grandes ojos verdes, lleva el pelo corto y creo que blanco (dudo porque antes lo llevó rosa y rojo, creo) y se confiesa feminista. Ahora tiene 21 años, cursa 3º de Bellas Artes e Historia del Arte en Salamanca y dibuja como los ángeles. Hasta el 30 de abril expone sus ilustraciones “Mujer de hoy” en la librería La Palma (calle Rúa, 6) de Oviedo. Acercaros a verlas porque son una chulada. A mí me apetecía comprarlas todas, pero aquí os muestro las dos que más me gustaron por el mensaje de empoderamiento que transmiten. Si queréis conocer más sobre el trabajo de Alicia, asomaros a su cuenta de Instagram (arroba__malicia__) o a su web bymalicia (http://maliaciamartin.wixsite.com/bymalicia).

Ella se quiere. Y yo también. ¿Y tú? ¡Venga! ¡Enamórate de ti!

Verás qué bien te sienta.

Deja tu comentario

  • (will not be published)