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El antiguo Iriarte

Ropa, zapatos y bolsos para una mujer real

El hombre de nuestras vidas

  Por Sandra Solís  
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Papá con Lucía, Vanessa y yo.

  -Papá, ¿me vas a recoger el pescado a Paco, porfi? -A ver, ¿qué tengo que traer?-, pregunta. Y añade con sorna: “Nada más me quieren para los recados”, ante un matrimonio que está en la tienda. -Anda que no tienes otra cosa que hacer y, si eso, bájalo al coche y luego se lo acercamos a casa-, se entromete mi madre. Pero papá tiene razón. Y no es sólo ir a por el pescado. Es recoger a su nieta en atletismo, acercarte al aeropuerto, llevarte las botas al zapatero, subirte la compra a casa, ir a buscar una mesa al sol en alguna terraza de la zona, guardarte el magazine del periódico o recortar aquél artículo de la prensa que sabe que te va a interesar. Es estar siempre, para lo que haga falta, y perder el sueño por cualquier cosa que te afecte. Hace algo menos de un año, le dediqué una entrada a mi madre con motivo del día que conmemora a las mujeres que nos han traído a este mundo. Papá se puso algo celoso y preguntó: -¿Y a mí? Pues a ti, papá, también. Aquí lo tienes. Este es mi homenaje. Feliz Día del Padre. Papá es el jefe. Suyo es El antiguo Iriarte y a su nombre van las facturas. Pero dice que no pinta nada. “Con tres mujeres no puedo. No me hacen ni caso”, repite con insistencia. También recalca que nosotras nos vestimos, nos calzamos y escogemos nuestros complementos en la tienda y que para él, “que soy el dueño”, no hay nada. Tiene razón. Alguna vez, en algún muestrario, le apañamos alguna deportiva de hombre o alguna prenda moderna. Y se pone como loco. Las tres nos esmeramos en que luzca bien, que para eso tiene planta y muy buen color. Desde hace años, no sale de casa sin fular, y desde hace dos navidades, luce como nadie calcetines multicolor de los que presume cada vez que se sienta con las piernas cruzadas. “Mira, mira, me los regalaron mis hijas”.
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Con bolso y fular, posando para la tienda

Mi padre es pez. Y raqueta, y carrera y mar. Sus tres hijos aprendimos de su mano a nadar casi antes que a andar. En verano, tiene una cuadrilla en Luanco con la que nada a diario la distancia entre El Gallo y la isla del Carmen. Distinguiría su brazada entre miles. Tranquila, pausada, siempre con la misma cadencia y sacando la cabeza para respirar hacia la derecha. Hoy, en esas travesías por el Cantábrico, le falta Alfredo, su alma gemela, pero estoy segura que le acompaña con su eterna sonrisa. En su día, papá también le dio al fútbol, al baloncesto, al atletismo y al tenis, deporte que sigue practicando casi a diario. Le solemos tomar el pelo. “¡Vives como un marajá! Mientras tú disfrutas, las chicas de la familia te atendemos el negocio”.  
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Con sus compañeros del equipo de balonmano.

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Practicando atletismo en Avilés.

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Con Juancho, Vanessa y yo, en las piscinas de El Cristo.

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Durante el servicio militar en El Ferrol.

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Listo para saltar al campo de fútbol.

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Papá y mamá en Friera, en el concejo de Illas.

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En Laredo, posando a lo “Blues Brothers”.

  En verano no perdona pasar dos meses en la Cala de Finestrat, en Alicante. Allí devora el periódico al sol, en su roca. Y digo su roca porque lleva 25 años colocando la colchoneta en el mismo lugar, en la misma posición, a la misma hora. “Salgo ya, no vaya a ser que me quiten mi sitio”, anuncia temprano en el apartamento. Pero es que papá es así, un hombre de costumbres. Incluso bromea con ello. “Yo sigo con vuestra madre después de tanto tiempo por no cambiar”. Suele ir al mismo restaurante, pedir el mismo plato, escoger la misma mesa y que le atienda la misma persona. Si algo le gusta, lo repetirá hasta la saciedad. En la tienda, cuando recoge los arbolitos que tenemos fuera, los coloca exactamente en la misma baldosa. “Cuidado papá que el de la derecha no está del todo centrado”, le toma el pelo Vanessa. “Ah, es verdad”, ríe mientras recoloca la maceta.
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La familia, al completo, en Cangas de Onís.

Papá es muy detallista. Cuando te cuenta algo, por si te ha quedado alguna duda o no te has enterado bien, te lo repite una vez. Y otra, y otra, y otra… “Papá, que ya me lo has contado….”, le dices con prudencia, no vayas a desatar su ira. “¡Bueno! ¿Y qué? Pues lo escuchas otras vez”, te suelta airoso y ofendido, después de todo. Y te armas de paciencia. Antes más que ahora, venía a los muestrarios. Representante desde tiempos inmemoriales, tiene un ojo clínico para saber si algo “va a pitar” o no en la tienda. Como un bolso no le guste, lo gafa. No hay quien le de salida. Vanessa teme sus veredictos. Reacio a los cambios, nos costó Dios y ayuda re decorar la tienda. Nos soltaba aquello de “si ha funcionado hasta ahora, ¿por qué cambiarlo?”. Y como no es cabezota… Finalmente, como él recalca, nos salimos con la nuestra y a toro pasado admite que el resultado le ha gustado mucho y que el negocio ha ganado con el cambio. ¡Uff! Le enseñaron a no mostrar sus emociones y a mi, que soy la sensible de la familia, me ha costado un triunfo robarle un abrazo.  Pero con la edad y desde que nació su nieta, la niña de sus ojos, es cada vez más blandito. Ahora nos come a besos y presume a la primera oportunidad de todas las chicas de la familia. Me encanta cuando le suelta un “qué guapa estás, chata” a mi madre mientras le palmea el trasero. A papá le gusta cantar y baila como los ángeles. Le enseñó, de crío, la mujer que trabajaba en casa de mis abuelos como empleada del hogar y depuró su estilo en los guateques del Paraíso, en Luanco, donde le apodaban el negro zumbón. Conmigo, que salí bailona como él, se marca unas cumbias de infarto. ¡Qué bien sabe llevar!
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Con Lucía, su única niesta y la niña de sus ojos.

Moreno, rizoso, alto, con don de gentes y parlanchín. Acaba de cumplir los 75 y es el hombre de nuestras vidas. Pensar en mi padre es saberte querida de forma incondicional. Apoyada, escuchada (a su manera), respaldada y protegida. Es llenar tu vida de buenos momentos y de una infancia dichosa. Gracias papá. Tus chicas te deseamos un día realmente feliz, que lo será porque nos iremos todos juntos de comilona por ahí (aunque hoy escogemos nosotras restaurante y menú). Y queremos que tengas una certeza sobre cualquier otra: te queremos con locura.
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Con mamá, camino a casa.

18 respuestas a “El hombre de nuestras vidas”

  1. Angeles

    El hombre amable, alegre y sonriente q todos los días raqueta en mano, llega a las instalaciones del Cristo.
    Un honor conocerle, y un brindis por su familia

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  2. Covi Castañón Rodriguez a través de Facebook

    Qué suerte de padre y qué suerte de hijas, gracias a todos por mantener en lo más alto una de mis tiendas favoritas de Oviedo

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  3. Belen

    Enhorabuena patriarca y a las chicas también! Menudo día de lagrimeo que te espera hoy…

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  4. Maria

    Seguro que a ese hombre duro hoy le cae alguna lagrimita,hermoso homenaje.En hora buena al papi y a las hijas

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  5. Chus

    Guapo por dentro y por fuera! y que suerte la vuestra poder aún disfrutarlo, A mí se me escapa una lagrimina y me vienen los recuerdos del mío a borbotones.
    Un beso para él que se lo daré en persona en cuanto lo vea, y le diré lo que el ya sabe… que orgullo de familia!

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